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martes, 04 de diciembre de 2007
  
Cómo se formaron las montañas de Sobrarbe.
La zona que nos ocupa se halla incluida íntegramente dentro de la unidad global del Pirineo, más concretamente en esa porción del mismo denominada como Pirineo Central. Esta división obedece a características morfométricas propias, diferenciándose tres claras partes: El Pirineo Occidental o atlántico -desde el Cantábrico hasta Navarra-; el ya citado P.Central -incluye la porción de cadena que comprende las provincias de Huesca y Lérida-; y el Pirineo Oriental o mediterráneo -desde Lérida hasta Gerona.
Dentro de la zona que nos ocupa -Sobrarbe- y en términos geológicos, podemos realizar nuevas divisiones. Quedan cláramente diferenciada la cadena montañosa de los Pirineos de otra unidad con entidad propia, como es el pre-Pirineo. El eje central de los Pirineros corresponde al afloramiento de las rocas y materiales más antigüas correspondientes al primario -Pirineo Axial o paleozóico- que constituye el núcleo de esta cordillera. Este eje quedó flanqueado por materiales más modernos, correspondientes al secundario y terciario -pre-Pirineo-. Esta división se hace mucho más patente en el Pirineo Central, desapareciendo conforme nos desplazamos hacia cualquiera de los dos extremos. A pesar de lo dicho, es a partir de la línea del río Ara cuando comienzan a aparecer sobre el terreno ejes anticlinales norte-sur que van rompiendo progresivamente esta disposición.

Pero esta situación "actual" a la que hasta ahora hemos hecho referencia, sufrió una serie de etapas y modificaciones a lo largo de millones de años. A groso modo intentaremos explicar estos procesos y modificaciones que originaron los Pirineos tal y como hoy los conocemos, al mismo tiempo, este proceso fué el mismo que modeló la actual comarca de Sobrarbe.

 

Simplificando mucho, podemos decir que se produjeron dos procesos de formación, o lo que es lo mismo, dos ciclos orogénicos. Primeramente se formaron las piedras -litogénesis-, después se construyó el edificio montañoso propiamente dicho -orogénesis- y por último, todo lo que hasta ahora se había construido, comenzó a destruirse poco a poco -gliptogénesis-. A partir de aquí el proceso comenzó de nuevo.

 

Centrándonos en la zona que nos ocupa -Sobrarbe- los restos más antigüos de este proceso de formación que nos quedan actualmente corresponden a la Era Primaria, más concretamente, al periodo final de esta era. El material característico de esta época fué el granito. Este se formó en un proceso magmático en el interior de la tierra mientras que el exterior era un mar sobre el cual se iban depositando sedimentos. Quedaron restos discontínuos a lo largo de toda la cordillera. Estos restos dispersos son conocidos como batolitos o granodioritas y surgen inyectados entre otras clases de materiales como consecuencia de fases tardías del plegamiento en esta era -también llamada herciniana-. Entre medio de los batolitos más importantes del Pirineo -el de los Montes Malditos en Benasque y el de Panticosa- afloraron dos áreas graníticas más reducidas que las anteriores. La primera de ellas se encuentra localizada en los pueblos de Chisagües y Parzán, el valle de Barrosa y el de Urdiceto, sierra de Acirón y sierra Marqués.

 


  
La segunda área granítica presente en el Sobrarbe se ubica en la cabecera del río Cinqueta y comprende el macizo de Posets, Palas de Montó y Bachimala. Estos afloramientos graníticos metamorfizaron -transformaron- inténsamente los sedimentos paleozoicos incrustados en los mismos, dando lugar a mármoles derivados de las calizas carboníferas y devónicas; esquistos cristalinos y miacitas, derivados de las pizarras; y cuarcitas derivadas de las areniscas silúricas. Esta área metamórfica se encuentra bien representada en la cuenca alta del río Cinqueta. La serie paleozóica del devónico aparece representada en Punta Suelsa y en la sierra de Liena. Tenemos ya dos de las fases del Primer Ciclo Orogénico: la creación de los materiales y la formación de las montañas.
Este Pirineo herciniano -era primaria- quedó consolidado en un zócalo rígido y periplano -llano- al comienzo de la era secundaria. Durante esta época que comenzó hace 230 millones de años, este zócalo rígido o dura llanura, pasó a ser de manera alternativa y por varias ocasiones, primero superficie terrestre y después fondo marino. En ambas situaciones -tierra y mar- sobre esta llanura se fueron depositando y acumulando sedimentos tanto terrestres como marinos. Estas capas de sedimentos, en vez de elevar el terreno lo que hicieron fué hundirse sobre el mismo. Estos sedimentos, al aplastarse primero y hundirse después, provocaron que se ejerciera una enorme presión entre las propias capas. Así, de esta manera, las arenas, piedras, lodos, etc. se fueron compactando y mas tarde llegaron a formar la estructura de las montañas actuales. Según los cálculos realizados, llegaron a ser siete u ocho mil metros de sedimentos los que llegaron a acumularse sobre el viejo zócalo. Había comenzado ya la destrucción de lo que hasta entonces se había formado. Estamos en la primera fase del Segundo Ciclo Orogénico.
  
Estos sedimentos se fueron acumulando durante los dos primeros periodos del Secundario -Triásico y Jurásico-. En el siguiente periodo -Cretácico- se abrieron unos surcos en dirección E-W que servirían de líneas maestras a la formación de los actuales Pirineos. Esto dió lugar a la deposición de calizas arenosas de grandes espesores. Aquí se encuentra el origen de las actuales sierras en dirección E-W (Cotiella, Sierra de las Sucas).
  
A continuación llegó la Era Terciaria -65 millones de años-. Fué en esta época cuando tras colisionar la microplaca ibérica con la placa eurosiberiana -teoría de la tectónica de placas-, el mar comenzó a desaparecer. Al mismo tiempo y debido a la colisión de estas placas, la cadena se levantó de nuevo. No sería hasta finales del terciario y principios del Cuaternario cuando se materializó el plegamiento de los Pirineos en la denominada "Orogenia Alpina" -segunda fase del Segundo Ciclo Orogénico-. Los materiales que se comprimieron al colisionar estas placas estaban constituidos por los inferiores y más antigüos -granitos de Parzán, Urdiceto, Posets, Bachimala, etc.-, restos de los "primeros Pirineos" . Los otros materiales lo conformaban las innumerables capas de sedimentos que el mar había depositado sobre los anteriores materiales durante miles de años. Estos se caracterizaban por ser más blandos que los primeros. En nuestra zona los materiales más representativos de la "Orogenia Alpina" son calizas y margas, predominando las primeras.
  
A principios del Mioceno -finales del Terciario y principios del Cuaternario-, la estructura pirenaica estaba ya definitivamente construida. A pesar de esto, todavía hubo de soportar un último gran movimiento que, sin variar la estructura, la elevó considerablemente -epirogénesis-. Este movimiento hizo emerger las estructuras y originó los deniveles actuales. A partir de este último movimiento elevador, comenzaron los procesos erosivos que fueron modelando el definitivo relieve actual.
En función de la presión a que fueron sometidos estas dos clases de materiales, la reacción fué distinta. Los inferiores y duros que formaban el primitivo zócalo se quebraron y formaron nuevos batolitos o bloques graníticos. Al emerger estos materiales inferiores con fuerza, fueron expulsados los materiales superiores blandos, provocando a su vez que estos se plegaran formando grandes olas que dieron lugar a las sierras secundarias pirenaicas. Entre estas se distinguieron las Sierras Interiores y las Exteriores. Esta "Orogenia Alpina" hizo posible la distribución actual del relieve del Sobrarbe. El núcleo alto y duro compuesto por el batolito de Parzán, Posets y Bachimala quedó arropado por Sierras Interiores como Cotiella o la Sierra de las Sucas, en dirección E-W. Fué en estos momentos cuando el corrimiento de la cobertera alpina o manto hacia el sur -Eoceno y Oligoceno- provocó la formación tanto de Cotiella como de Monte Perdido.
El relieve de la vertiente sur del Monte Perdido está formado por una serie de mesetas estructurales casi horizontales -llanos de Capradiza, Tripal y la Balsa-. Los ciclos de erosión glaciar y periglaciar se encargaron de excavar los grandes cañones de Ordesa, Añisclo y Escuaín.

Las Sierras Exteriores quedaron representadas por Sierra Ferrera (Peña Montañesa), Castillo Mayor o Canciás. La Sierra Ferrera se formó como consecuencia del desprendimiento de la parte más meridional del manto de Cotiella, compuesto por calizas. Algo similar ocurrió en la formación de la Sierra de Chía, aunque este caso se debió al desprendimiento de una porción lateral de este mismo manto.

 

A partir de este momento comenzaría una etapa erosiva que iría desmantelando lo formado hasta ahora. Llegamos a la Era Cuaternaria, era en la que nos encontramos en la actualidad. Se caracteriza por la sucesión de glaciaciones. Durante estas, en la vertiente sur de los Pirineos, se llegaron a formar hasta once grandes glaciares. Siete de ellos discurrieron dentro del Pirineo Aragonés. De entre todas las glaciaciones, la que más influyó sobre el paisaje de Sobrarbe -y del Pirineo en general- fué conocida como la fase glaciar de Würm y que duró entre hace 60.000 y 40.000 años. Durante esta época, estas nieves se cubrieron de nieves perpetuas por encima de los 2.000 mts.
El valle de Pineta, valle de Parzán y el valle de Gistaín confluyeron en un mismo glaciar de unos 40-45 kms. que llegó hasta la altura de Lafortunada. En los alrededores de Plan, Gistaín y Bielsa se han encontrado depósitos y restos morrénicos con gran número de bloques graníticos. El mismo pueblo de Chisagües está asentado sobre los restos de una morrena. Otro glaciar de importancia presente en Sobrarbe en esta misma ápoca fué el que discurrió por el valle de Broto. Recogía los hielos de la vertiente meridional del Vignemale -Comachibosa- así como los procedentes de la vertiente sur del Monte Perdido. Este hielo se encargó de excavar la artesa glaciar del valle de Ordesa o del río Arazas. Llegó a alcanzar una longuitud de unos 40 kms. discurriendo hasta las proximidades de Sarvisé. De esta época hasta nuestros días comenzó una fase de retroceso glaciar que se vió interrumpida parcialmente durante la Pequeña Edad de Hielo -entre los siglos XIV y XIX de nuestra era-. Durante esta época, los glaciares se recuperaron algo, pero ya a partir del siglo XX, volvieron a entrar en un nuevo y continuado proceso de regresión. Este fenómeno se ha visto agravado aún más si cabe, en las últimas décadas con la aparición de fenómenos como el recalentamiento de la tierra, el agujero de la capa de ozono, etc.
La erosión glaciar y fluvial han dado el toque final a la cubierta terrestre de Sobrarbe hasta darle el aspecto actual. Debemos recordar que la parte norte de Sobrarbe está franqueada por altas montañas que rondan, cuando no superan, los tres mil metros. La erosión glaciar formó valles en forma de "U" o de artesa, con un fondo llano dotado de tierras fértiles y unos flancos que superan grandes desniveles. El valle de Pineta es el mejor exponente que tenemos en la zona de este fenómeno. Además, en la cabecera de este valle todavía se conserva como testigo de épocas pasadas un exigüo glaciar en la vertiente norte del Monte Perdido. Se le calcula una extensión de unas 47,5 Has. y un espesor frontal de unos 45 mts. Para el año 1.895, un pirineísta francés -Schrader- calculó para este glaciar una extensión de 388 has.. Otros glaciares presentes en la zona que nos ocupa, aunque de menor consideración, se encuentran ubicadas entre Punta Robiñera y La Munia, en la cabecera del valle de Barrosa. La tendencia actual de este glaciar pasa por cubrirse progresivamente de restos de rocas y derrubios desprendidos (gelifractos).
  
La última zona de Sobrarbe que todavía cuenta con restos glaciares es el macizo de Posets -Glaciar de Llardana-. Schrader en el año 1.895 le calculó una extensión de 52 has. Al igual que el anterior glaciar descrito, la tendencia de este último es la de quedar progresivamente cubierto por derrubios. Mientras estuvieron presentes los circos glaciares y estos actuaron, fueron horadando las montañas produciendo agujeros donde tras la retirada de los hielos surgieron pequeños lagos o ibones. Así aparecieron el Lago de Marboré, Lagos de La Munia, Lago de Urdiceto, Lago del Sen, Ibón de la Vasa la Mora, ibón de Millares o Bachimala. Debemos destacar desde estas líneas la iniciativa tomada por el Gobierno Aragonés, quien por medio de una Ley promulgada por las Cortes Aragonesas -Ley 2/1.990- declaró como Monumentos Naturales al conjunto de glaciares oscenses, entre todos ellos, quedaron incluidos los que aquí se han citado.
La erosión fluvio-glaciar se hizo mucho más patente en aquellas zonas donde predominan los materiales calcáreos, que son los mejor representados en Sobrarbe. Así, en estos lugares han aparecido fenómenos kársticos que han dado origen a la aparición de innumerables simas, cuevas y lapiaces. Las rocas calizas dejan penetrar el agua en profundidad aprovechando las fisuras de las rocas. Este agua disuelve las rocas provocando la formación de simas. Al continuar la disolución de las rocas y aparecer corrientes subterráneas surgen las cuevas. En otros casos, al hundirse galerías por donde discurrían ríos subterráneos, surgieron los cañones. Ejemplos relevantes de esta erosión son la sima B-15 en Escuaín, cueva de Cinco de Agosto en Cotiella, el Chorro Fornos en el Irués o el barranco de Consusa en Revilla. El mejor exponente de estos fenómenos lo encontramos en el macizo de Cotiella. También se localiza en la Sierra de las Sucas, Castillo Mayor, Punta Lierga y Sierra Ferrera.

A su vez, la retirada y desaparición de los hielos dió lugar a la aparición de un extensa y numerosa red fluvial por la que se evacuó el agua proveniente de esta fusión. La erosión hídrica también marcó su huella sobre la piel de Sobrarbe, sobre todo en aquellas zonas que presentaban materiales blandos -margas del Cenomaniense o materiales del Trías-. Los grandes ríos facilitaron la formación de valles en forma de "V". Fondo estrecho y laderas pronunciadas -valle de Urdiceto, Tringoniero, Irués-. Esta erosión fluvial llevó consigo el arrastre de materiales sólidos -lodos, arenas y gravas- lo que en algunos lugares facilitó la colmatación de antiguas cubetas glaciares y formando turberas -ibón de Puerto Viejo, ibones de Urdiceto- o bien favoreciendo la ocupación de grandes llanuras por estos materiales fértiles -Llanos de La Larri, alrededores de la Vasa la Mora-. La zona más meridional de Sobrarbe quedó compuesta por materiales mucho más blandos que los descritos para la zona axial y sierras interiores. Entre estos materiales caben destacar las margas azules -presentes de manera clara en los alrededores de Ainsa o Jánovas-, areniscas y margas de la serie flysch -Broto y Torla-. También aparecen calizas en las estructuras norte-sur de Campodarbe y en el tramo que atraviesa el río Ara entre Jánovas y Boltaña.

 
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